lunes, 11 de febrero de 2013

Crítica: Amor de Michael Haneke

¿Cómo lidiamos con el sufrimiento de quien amamos?

Haneke plantea en Amor cómo una pareja de acomodados septuagenarios afrontan aislados, en su apartamento parisino, la enfermedad de uno de ellos, la de ella, Emmanuelle Riva, (él es  Jean-Louis Trintignant) y en qué medida esto cambia su relación, convirtiendo sus últimos días juntos en un desafío a la muerte, con el amor como única esperanza a la que aferrarse.

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes, triunfadora en los premios de la Academia Europea y multinominada para los Oscars (mejor película, director, actriz protagonista, guión orignial y película de habla no inglesa), el último filme del austriaco es una obra maestra que invita a pensar que en Europa puede presumir de uno de los grandes directores de las últimas dos décadas.

AMORTAJADA OFELIA
Concebida como un flash-back continuado de la primera escena, comienzo y final al tiempo, Amour -en la versión francesa original- consigue desde su presentación austera una cercanía inaudita, por momentos incluso tierna, con lo acostumbrado en Haneke. Pese a la distancia propia de sus películas en esta historia resulta imposible no caer en la emotividad del amor en su triste ocaso. Además se refiere al amor desde un paradigma eminentemente práctico “Aquello que hacemos por otra persona es más importante que lo que sentimos por ella”, respondió a una entrevista para Time Out.

PUNTO DE INFLEXIÓN
En relación con el resto de su selecta filmografía este filme puede suponer un punto de inflexión definitivo en su carrera como director. Alejado ya del sadismo y la violencia de sus primeras películas El video de Benny (1992) o Funny games (1997), con La cinta blanca (2009) ya relajó el grado del castigo que acostumbra a infligir a sus espectadores y Amor (2012) presenta menos contraindicaciones que la amplia mayoría de sus anteriores entregas.

"Es aburrido ver sufrir a un muro. Hay que entretener al espectador, ¿no? Enseñarle de lo que somos capaces." Funny games, Haneke


 O tal vez sea que ha cedido protagonismo a una angustia más madura igualmente dramática, de más honda reflexión, propia de otra generación (Munich, 1942) y mis ojos aún solo entiendan la sangre cruda y los sórdidos berridos de un cerdo. Aunque, sin duda, estamos ante una película menos agresiva en la forma y al tiempo perturbadora en el fondo.

Cómo una pareja ve que la vida, todo, se les escapa de las manos y no hay nada como el amor para resistir, o rendirse



HANEKE Y LA MÚSICA
Ahora, abrumado por un reconocimiento mundial que vivirá el 24 de febrero su culmen en la gala de los Oscars, se encuentra a la dirección de escena de la ópera Cosi fan tutte de Mozart en el Teatro Real, Madrid. Es un reencuentro con su faceta operística, con el genio austriaco –ya participó en 2006 en París en su Don Giovanni- y con Mortier, director por aquel entonces de la Garnier.

En lo referente a la banda sonora de Amor, pese a tener como telón de fondo una trama salpicada de música, no carga con tanto peso como en La Pianista (2001) por ejemplo, pero sí que tiene las habituales piezas clásicas siempre presentes: Bagatelas de Beethoven e Impromptus de su predilecto Schubert.

A-M-O-R
Sigue con la pausa, la limpieza de los planos, la tensión creciente a lo largo de la cinta, y deposita toda la responsabilidad dramática sobre la veterana pareja de actores. Deja los juegos mentales y apuesta por la sencillez, por una palabra de cuatro letras: por el A-M-O-R.


Texto: Juan P. Torres
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