viernes, 29 de mayo de 2015

Crítica: El capital humano de Paolo Virzì

¿Quién dormirá entre rejas?


Sinopsis: La víspera del día de Navidad de 2010 el liceo Gregorio XIV celebra la gala del premio a la excelencia Gabriele Cottafavi. Cuando algunos de los asistentes, tras la celebración posterior en la Mansión Ornate, se dirigen de retirada a su casa, un lujoso todoterreno arrolla en la noche a un ciclista. El desgraciado accidente cambiará el destino de las familias del conductor y copiloto del coche que sigue al todoterreno, con el que comparten destino, una villa propiedad de los Bernaschi en Brianza, a las afueras de Milán. Entran en juego dos familias, dos maneras de vivir diferentes que, sin embargo, comparten la misma desdicha cotidiana: el desamor, la soledad, la economía; decepciones. Giovanni Bernaschi es un especulador financiero partícipe de un fondo de inversión que ofrece un 40 por ciento de interés como reclamo para esquilmar a crédulos inversores. Dino Ossola es un ambicioso agente inmobiliario cuya empresa está al borde la quiebra, espera gemelos de su segunda mujer y tiene que hacer frente a un préstamo desorbitado que le ha concedido el banco.


"Case e bare non può mancare"

"Casas y ataúdes no pueden faltar"



Dentro del ciclo 'La segunda oportunidad' de la Filmoteca regional de Santander, el miércoles 27 de mayo pudimos disfrutar del primer pase de 'El capital humano', Paolo Virzì (2014), penúltima película dentro de esta serie que cierra 'National Gallery' -que se proyecta por última vez el sábado 30 a las 16:30, con su correspondiente debate y reflexión en el Cine club-. Desde el guión, casi todo en este filme agraciado allá por donde ha desfilado es coral. El reparto logra alcanzar altas cotas de realismo, para conseguir situaciones convincentes sustentadas en los diálogos. El punto de vista que confieren las diferentes perspectivas de los personajes que enfocan con sus ojos la acción y la compartimentan en tres capítulos desde su mismidad es original y efectivo.

La estructura poco convencional de 'El capital humano' no hace peligrar la narración de la historia. De alguna manera la refuerza, reincide en los puntos más trascendentes de los seis meses en los que se desarrolla el relato, adaptación de 'Human capital' de Stephen Amidon, co-guionista también de la película. Arranca con un flashforward que nos sitúa en el clímax y funciona como detonante de la acción que retrocede seis meses para componer el marco de la historia y ponernos en antecedentes, aunque se centra sobretodo en los primeros y últimos días de ese espacio temporal. A partir de allí el relato renace cuando casi va a morir para hacer esa misma regresión de seis meses, otras dos veces, encarnándose -después de la primera narración que recae sobre Dino Ossola- en Carla Bernaschi y Serena Ossola. Terminado el tercer capítulo apremia el final, que ofrece el anticlímax y un salto al futuro para ver las consecuencias que ha tenido más allá del tiempo el desgraciado atropello, curiosamente de uno de los camareros que trabaja en la gala de entrega del premio Cottafavi.


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Croquis casero de la estructura de 'El capital humano'.- JUAN P. TORRES

Los roles marcados de los personajes responden a los arquetipos del guión cinematográfico. El sanguíneo Dino, el colérico Giovanni, con arranques de ira que dejan en el aire la sombra de la sospecha del maltrato más allá del que inflige a los incautos clientes a los que canibaliza su fondo de inversión. La flemática Serena, experta en ingeniárselas por lograr arrimar el ascua a su sardina sin haber terminado el instituto, melancólica Carla, la diletante actriz que suspira por una vida plena; y el marginal Luca Ambrosini como contrapunto de realidad perteneciente a otro estrato social, de los "bajos fondos".

Se desarrollan casi paralelas dos subtramas amorosas. Carla, ilusionada con la reapertura del Teatro Politeama, que ha comprado in extremis a De Marchis con el compromiso de no convertirlo en apartamentos, tiene un affaire con el profesor universitario y director artístico del proyecto. Llegado el culmen de su romance, con 'Nuestra señora de Turchi' de Carmelo Bene proyectada en sus cuerpos desnudos, este amor se verá abocado a su fin, al hacerle saber al profesor a la mañana siguiente que el plan de reapertura del Politeama se acaba de desmoronar. Entre gritos: "Diletante a la fine", Carla es despreciada por Donato. Por su parte, Serena finge la 'dolce vita' con Massimiliano Bernaschi, el personaje más plano y superficial, aunque también puede que esa sea su cometido, hijo de Giovanni y finalista del premio Cottafavi, mientras comienza una relación con el antisocial Luca, estigmatizado por sus marcas, paciente de la consulta en el hospital de su madrastra por circunstancias que revela la película.

Cuando tiene lugar el accidente la policía se pregunta cómo un solo conductor, pues Massimiliano insiste en que no condujo aquella noche a causa de su embriaguez, pudo manejar dos coches a la vez. Toda la tensión del filme (la obra original es un thriller, mientras que la adaptación se detiene más en cuestiones sociales, crítica de lo burgués -le petit et le grande-), estalla cuando en el capítulo final se aceleran los acontecimientos. Dino descubre la verdad que oculta Serena y cierra un pacto con los Bernaschi para librar a su hijo de la cárcel. A cambió le darán su parte del fondo de inversión con los intereses que le prometieron, cuántos sudores le costó convencer al director de la sucursal, Giampi, que ahora le atormenta para que devuelva el préstamo que pidió para cubrir la inversión, y un bacio de Carla para seguir en su línea de bufón. No sin antes haber tenido una agria discusión con Giovanni, que seis meses atrás lo reclutaba entre abrazos como pareja para el partido de tenis de los viernes y ahora le llama imbécil.

El anticlimax aparece para aplicar un duro revés, aunque se resolverá la situación rápido, con un reencuentro entre aquel que duerme entre rejas y su amada. Pasará cinco años allí por homicidio y omisión de socorro. Como en la historia insertada en 'Relatos salvajes' el culpable paga los platos rotos y... ¿el ciclista? pasa desapercibido sin pena ni gloria, pese a que todo gire en torno a él, pese a que su muerte sea principio y casi final, pues a la postre aparece la escena de una celebración de los Bernaschi en su villa, todo sigue igual, hicieron buenas inversiones apostando por la ruina de su país.


"Estoy gafado"

Aquel que duerme entre rejas



La definición de capital humano aparece antes de los títulos de crédito finales. En resumidas cuentas es el cálculo realizado por las aseguradoras sobre el valor de una vida humana fallecida teniendo en cuenta su edad, trabajo, posición económica y perspectivas de futuro acorde al porcentaje de tiempo estimado de existencia por probabilidad estadística, según su salud. Una fórmula estándar para realizar una conversión monetaria de la esperanza vital que frustra la muerte. Palía las consecuencias físicas y anímicas que desata en los familiares con una suma de dinero, para compensar la pérdida emocional de su ser querido. El "precio estimable de una vida humana".


Ficha técnica:

Título original: Il capitale umano.
Año: 2014.
País: Italia.
Duración: 109 minutos.

Director: Paolo Virzì.
Guión: Paolo Virzì, Francesco Bruni, Francesco Piccolo.
Adaptación de la novela de Stephen Amidon 'Human capital' (2004).
Música: Carlo Virzì (fratello).
Fotografía: Jérôme Alméras, Simon Beaufils.

Ficha artística: Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizio Gifuni, Luigi Lo Cascio, Giovanni Anzaldo, Matilde Gioli, Guglielmo Pinelli.


Próximas proyecciones en la Filmoteca de Santander: 
Viernes, 29 de mayo a las 22:15 h.
Sábado, 30 de mayo a las 20:00 h y 22:15 h.
Domingo, 31 de mayo a las 17:30 h y 20:00 h.

Crítica de Jordi Costa: 'Muerte de un ciclista', publicada en El País.

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